Relatos de Luz Serena

March 8, 2016

Llegué al monasterio Zen Luz Serena ya bien entrada la noche del viernes 4 de Marzo, por una carretera solitaria y sinuosa iba acercándome a mi muy esperado fin de semana de Atención Plena y alejandome de tareas, prisas, ruidos, información...

En un fin de semana en el que íbamos a dedicar la mayor parte del tiempo a la atención plena a las sensaciones, lo primero que percibí  al bajarme del coche fue un cielo plagado de estrellas con un brillo como no se aprecia en la ciudad. 

 

La alegría inundó todo mi ser, ¡qué buen comienzo!

Casi todos los compañeros, mas de sesenta ya estaban en el lugar, disfrutando del reencuentro en este segundo fin de semana del curso de "Mindfulness basado en la tradición budista"

 

Una deliciosa sopa de vegetales y otras viandas nos estaban esperando en el comedor, todo preparado con tal atención y amor por Daishin y  los  residentes que era una auténtica y gozosa experiencia sensorial degustar aquella  cena.

 

El sueño vino pronto tras la agotadora semana de trabajo y quehaceres varios.

 

La mañana del sábado, se levantó fría y tras escuchar la llamada del moppan o madero corrí a meterme en el dôjô y sentarme en mi cojin bien dispuesta a  seguir con la práctica de meditación zazen iniciada cinco semanas antes en ese mismo lugar gracias a las enseñanzas del Maestro Dokûsho Villalba.

 

Dokûsho nos mostraba  en el anterior y primer módulo la diferencia entre la atención plena y la atención pura,  las cualidades de la práctica meditativa y las prácticas coadyuvantes con una facilidad para comunicar propia de un gran Maestro que pese a lo denso de las explicaciones nos lo muestra de un modo tal que la profundidad de la materia nos parece muy asimilable.

Aun así una cosa es entender con la razón que existen esas ocho cualidades de la meditación, como el enfoque, concentración, vipassana (observación penetrante), bitakka (indagación), vishara (discernimiento), vivekajam (no identificación con el objeto de la percepción), attapa (esfuerzo sincero en pos del propósito) y sampajanna (conciencia clara o plena conciencia del objeto percibido) y otra cosa comprenderlo desde la experiencia, es decir asimilar esos conceptos más allá de la mente.

 

Pero tengo la confianza que en estos meses de práctica vamos a experienciar mucho de lo explicado  y todas estas antiguas y complejas enseñanzas van a permear a traves de nuestra piel gracias a la práctica tutelada y la guia de nuestro Maestro  y si se me permite la metáfora, nos vamos a ir quitando  con horas de meditación, las capas de piel muerta y demás residúos cosméticos que todos portamos en mayor o menor grado.

 

En este segundo fin de semana el foco de atención en la meditación son las sensaciones físicas, este es el llamado segundo soporte de la meditación. Así que nos sumergimos de lleno el sábado tarde a una práctica en plena naturaleza, creo que nunca antes había experimentado con tanta intensidad el aroma del bosque de pino mediterraneo, el colorido en un atardecer con el sol de marzo, los sonidos de los pájaros o el crujir de la pinocha a cada paso, no recordaba haber saboreado una onza de chocolate por tanto tiempo deleitándome en cada instante de su maravilloso sabor.

 

Y así con la sencillez propia de los niños para sentir, abriendo las ventanas a la percepción sensorial sin más juicios ni distracciones va discurriendo el fin de semana de re-descubrimiento de que tenemos una nariz capaz de captar hasta un billón de olores, unos ojos capaces de distinguir 10 millones de colores, oidos que captan hasta 340.000 sonidos diferentes, piel con varios millones de receptores táctiles y una boca con 10.000 papilas gustativas.  ¡Que oportunidad de redescubrir tantas sensaciones ya olvidadas en estas semanas de práctica hasta el siguiente módulo!

 

Ahora a prácticar.....pues Dokûsho nos ha puesto tareas y hemos de rendir cuentas en nuestro diario personal de práctica.

 

 

 

 

 

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